La Marcha de las Flores vuelve a Villaescusa de Palositos: una caminata entre memoria, caminos y resistencia en la España vaciada
Hay lugares que no desaparecen del todo, aunque el tiempo los abandone. Villaescusa de Palositos es uno de ellos: un despoblado alcarreño donde las piedras aún guardan la forma de lo que fue un pueblo, y donde los caminos —los mismos que durante siglos unieron vidas, oficios y peregrinaciones— siguen siendo hoy motivo de disputa, de recuerdo y de reivindicación.
El próximo 30 de mayo, la Marcha de las Flores volverá a recorrer este enclave de la provincia de Guadalajara en una nueva edición cargada de simbolismo. No será solo una caminata: será, como cada año, un gesto colectivo de memoria, una forma de reclamar lo que nunca debió perderse y una llamada de atención sobre el abandono del patrimonio histórico en la España vaciada.
Un origen marcado por el cierre de los caminos
La historia contemporánea de esta movilización arranca en 2006, cuando un grupo de vecinos, asociaciones culturales y colectivos jacobeos decidió organizar la primera marcha. El detonante fue la situación generada tras la llegada del último propietario parcial del despoblado, que procedió al vallado del núcleo y al cierre de caminos públicos históricamente utilizados.

Aquel gesto encendió una alarma que aún hoy no se ha apagado. Porque no se trataba únicamente de un acceso bloqueado: se trataba de la interrupción de una continuidad histórica, de la ruptura de una relación entre el territorio y quienes lo habían transitado durante generaciones.
De aquella inquietud nació la Asociación de Amigos de Villaescusa de Palositos, que desde entonces ha mantenido viva una reivindicación constante: la defensa del libre tránsito por los caminos públicos, la protección del entorno y la conservación de un legado que forma parte de la historia de la comarca.
La iglesia románica, el silencio de la piedra
En el corazón de esta historia se encuentra la iglesia románica del siglo XIII, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 2012. Una construcción que resiste como puede el paso del tiempo, rodeada de incertidumbre y de una espera demasiado larga.
Para los organizadores, su estado es el símbolo más visible de una dejación más amplia. Aunque incluida en planes de restauración del románico provincial, su futuro sigue siendo incierto. Y mientras tanto, la piedra se erosiona, el entorno se degrada y el silencio se hace más profundo.
La marcha, en este sentido, es también una forma de acompañamiento: una visita anual que devuelve vida a lo que permanece, aunque sea por unas horas.
Un río de asociaciones por el Camino de la Lana
Si algo distingue a esta convocatoria es su capacidad de tejer alianzas. Más de una treintena de asociaciones e instituciones jacobeas y culturales respaldan la iniciativa, convirtiendo la jornada en un punto de encuentro para quienes defienden el valor de los caminos históricos.
Entre ellas destaca la Federación Española de Amigos del Camino de Santiago, junto a la Plataforma Ibérica por los Caminos Públicos, así como numerosas asociaciones procedentes de Albacete, Cuenca, Alicante, Murcia, Galicia, Castilla y León, Aragón y Cataluña, todas ellas vinculadas al universo jacobeo.
El hilo conductor es claro: el Camino de la Lana, una ruta histórica del Camino de Santiago que atraviesa La Alcarria y que en Villaescusa encuentra uno de sus puntos más delicados y simbólicos.
Tres recorridos para un mismo propósito
La jornada del 30 de mayo se articulará en varios itinerarios, adaptados a distintos niveles de dificultad, pero unidos por un mismo destino.
El recorrido principal partirá a las 12.00 horas desde el camino de Peralveche, en un trayecto accesible de unos tres kilómetros de ida y vuelta. Paralelamente, otro grupo saldrá desde Salmerón a las 9.00 horas para completar una ruta de 20 kilómetros siguiendo el trazado del Camino de la Lana, atravesando paisajes de parameras y dehesas que aún conservan la huella de los antiguos pasos.
Existe además la posibilidad de una tercera ruta desde Viana de Mondéjar, aún pendiente de confirmación, que refuerza la idea de red territorial que sostiene esta marcha: caminos que convergen, pueblos que se encuentran y un territorio que se reconoce en su propia geografía.
El encuentro en El Coso: donde los caminos hablan
Todos los grupos confluirán en la plaza de El Coso, antiguo punto de encuentro de caminos públicos que enlazan Villaescusa con Salmerón, Escamilla, Peralveche o Viana de Mondéjar. Allí, donde el pueblo aún parece recordar su propio trazado, se realizará uno de los momentos más significativos de la jornada: el homenaje floral en el cementerio municipal.
No es un gesto menor. Es, para muchos participantes, una forma de diálogo con la memoria. Un reconocimiento a quienes vivieron allí cuando el pueblo estaba vivo, y una forma de mantener el vínculo con un lugar que sigue siendo referencia emocional para descendientes y caminantes.
Después, la marcha continuará hacia la iglesia románica y la fuente del Gamellón, dos hitos que sobreviven como pueden al paso del tiempo y al olvido institucional.
Una reivindicación que es también un paisaje moral
Lo que ocurre en Villaescusa de Palositos no es un caso aislado, sostienen las entidades convocantes. Es un reflejo de un problema más amplio: la pérdida de caminos tradicionales, el cierre de vías pecuarias, el abandono del patrimonio rural y la dificultad para garantizar la protección efectiva de bienes culturales en zonas despobladas.
En este contexto, la marcha se convierte en algo más que una protesta. Es una afirmación de que el territorio tiene memoria, de que los caminos no son solo trazos en un mapa, y de que el acceso libre a ellos forma parte de un derecho colectivo.
La iniciativa cuenta también con el respaldo de ayuntamientos como los de Ayuntamiento de Peralveche, Ayuntamiento de Salmerón y otros municipios de la comarca, que año tras año han acompañado esta convocatoria.
La España vaciada como fondo de escenario
En el fondo de esta historia late un concepto que ya es inevitable: la España vaciada. Un territorio amplio donde la despoblación ha dejado casas sin vida y caminos sin tránsito, iglesias sin culto y pueblos convertidos en huellas.
Villaescusa de Palositos, en ese sentido, se ha convertido en un símbolo. No solo de lo perdido, sino también de lo que aún puede reclamarse.
Porque cada primavera, cuando vuelve la Marcha de las Flores, el pueblo deja de ser únicamente ruina o recuerdo, y se transforma en punto de encuentro.
Un lugar donde asociaciones, peregrinos y caminantes vuelven a pronunciar su nombre como quien nombra algo que todavía importa.
Desde GuadaRed, periódico digital de la provincia de Guadalajara y del Corredor del Henares, no podemos dejar de subrayar —una vez más— la persistencia de una situación que se alarga en el tiempo con una lentitud difícil de entender en pleno siglo XXI. La jornada terminará como empieza: caminando. Tras los actos, la comida popular reunirá a los participantes antes del regreso, cerrando un día que no pretende resolver el conflicto, pero sí mantenerlo visiblemente vivo, como un recordatorio incómodo de que aún quedan caminos por recuperar y responsabilidades públicas por ejercer.
Y quizá ese sea el sentido último de esta marcha: recordarle al tiempo que no todo está cerrado, que no todo lo olvidado está perdido, y que la protección del patrimonio y el libre acceso a los caminos públicos no deberían depender de la insistencia anual de quienes caminan para defenderlos.








