Pastrana se envuelve en emoción durante el Jueves Santo con la tradicional Procesión de los Pasos de su Semana Santa
La tarde del Jueves Santo descendió sobre Pastrana con una luz clara de primavera que acariciaba las fachadas históricas y dibujaba sombras alargadas en el empedrado. El aire, todavía frío, obligaba a recogerse en capas mientras la villa ducal aguardaba uno de los momentos más sentidos de su Semana Santa: la salida de la Procesión de los Pasos.
A las 20:30 horas, cuando el día comenzaba a rendirse a la noche, las puertas de la Colegiata se abrieron con solemnidad. La música, grave y acompasada, rompió el silencio y marcó el inicio de un recorrido que no es solo procesión, sino memoria compartida. La Procesión de los Pasos avanzó lentamente por el casco histórico, convirtiendo cada calle en una escena y cada esquina en un suspiro contenido.
En Pastrana, el Jueves Santo se vive como un relato que se despliega paso a paso. No es únicamente una manifestación religiosa, sino una tradición que entrelaza generaciones. Los vecinos observan, acompañan y participan, conscientes de que el tiempo parece detenerse cuando las imágenes recorren las calles.
La Hermandad del Cristo de los Milagros sostiene el pulso de esta celebración. Sus raíces se hunden en el siglo XVIII, pero su renacer en 2004, impulsado por jóvenes del municipio, devolvió a la villa una de sus estampas más queridas. Aquella recuperación permitió que el Cristo de los Milagros, talla barroca cargada de historia, regresara a las calles tras décadas de ausencia.
Hoy, la hermandad respira juventud y continuidad. Niños, familias y nuevos cofrades caminan bajo el peso de las andas, portando imágenes como Jesús en la Oración en el Huerto, el Amarrado a la Columna, la Virgen del Regazo y el propio Cristo de los Milagros. Cada paso se convierte así en un gesto colectivo, donde el pueblo sostiene su propia tradición.
Las túnicas rojas, contrastadas con el blanco, aportan color a la noche incipiente. Los cofrades, conocidos popularmente como “los rojos”, avanzan con sobriedad, envueltos en una estética que combina identidad y sencillez. La ausencia del capirote tradicional, sustituido por el verdugo, refuerza la cercanía de una hermandad profundamente arraigada.
Entre todas las imágenes, Nuestro Padre Jesús Nazareno emerge como el momento más esperado. Su figura, datada en el último tercio del siglo XVI, despierta una emoción silenciosa cuando atraviesa las calles de Pastrana. Su presencia transforma la Procesión de los Pasos en un instante suspendido, donde el peso de los siglos se hace visible y la Semana Santa pastranera late con especial intensidad.









