La pedanía de Iriépal ha celebrado este fin de semana las tradicionales fiestas de San Blas con un completo programa de actos que combinó religión, tradición y ocio popular. La procesión en honor al santo, la salida de la botarga, la subasta de roscas artesanas y una alta participación vecinal marcaron unas celebraciones que contaron con la presencia de la alcaldesa de Guadalajara, Ana Guarinos.
Iriépal, donde el invierno huele a rosca y suena a tambor
El invierno encontró en Iriépal una forma de celebrarse a sí mismo.
Entre el frío, la lluvia persistente y el eco de los tambores, la pedanía volvió a abrir las puertas de su memoria con las fiestas de San Blas, un ritual que no se limita a repetirse, sino que se renueva cada año en las calles y en quienes las recorren.
El domingo, la devoción caminó despacio. La procesión de San Blas avanzó entre miradas atentas y pasos medidos, acompañada por vecinos que saben que en ese recorrido se guarda algo más que fe: se guarda pertenencia. Junto a ellos, la alcaldesa de Guadalajara, Ana Guarinos, el alcalde pedáneo, Andrés Herranz, y miembros de la Corporación municipal compartieron el trayecto, arropados por los sones graves y solemnes de la Banda de Cornetas y Tambores de Jesús Nazareno, que volvió a marcar el pulso emocional del acto.
Cuando el santo regresó a su lugar, la tradición cambió de registro y se hizo celebración compartida. Llegó entonces la subasta de roscas y dulces, elaborados a mano por las mujeres de Iriépal, donde cada pieza encierra tiempo, oficio y herencia. El gesto antiguo de pujar dio paso al sabor, y el encuentro se alargó entre bollos y moscatel, como una sobremesa colectiva que no entiende de prisas.
El sábado había dejado otra de las imágenes más reconocibles de la fiesta: la salida de la botarga de Iriépal. Bajo la lluvia, la figura enmascarada —bubilla ancestral recuperada hace apenas tres años— volvió a recorrer las calles con su presencia inquieta y festiva. Ni el mal tiempo logró frenar la expectación: la botarga avanzó entre risas, juegos y miradas curiosas, recordando que las tradiciones no se conservan en vitrinas, sino caminando.
foto: marcodemesac
La jornada se completó con actividades infantiles, vermú popular y música, en un programa pensado para convivir, para quedarse, para reconocerse. Así, las fiestas de San Blas 2026 no solo volvieron a reunir a vecinos y visitantes, sino que reafirmaron algo esencial: en Iriépal, la tradición sigue viva porque sigue siendo compartida.
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