La Botarga de San Pablo desafía al frío y vuelve a llenar de tradición las calles de Fuencemillán
Ni el hielo ni la nieve lograron frenar una de las celebraciones más arraigadas del calendario festivo de La Campiña. La festividad litúrgica de la conversión de San Pablo se celebró un año más en Fuencemillán, donde vecinos y visitantes volvieron a demostrar que la tradición está por encima de cualquier borrasca.
Desde primera hora de la mañana, las calles del municipio, aún marcadas por la intensa helada nocturna, comenzaron a llenarse de vida con la llegada de Los Dulzaineros de La Pinocha, cuyas melodías anunciaron el inicio de una jornada cargada de simbolismo y emoción.
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Dulzaineros recorriendo las calles heladas de Fuencemillán al amanecer.
La celebración religiosa estuvo presidida por el vicario Don Agustín Bujeda, acompañado por el nuevo párroco local. En el plano institucional, la festividad contó con la presencia de toda la corporación municipal, encabezada por la alcaldesa Marisa Alba, junto a las tenientes de alcalde Elvira Calvo y Suleika Sancho. A ellas se sumaron representantes provinciales como la delegada de Hacienda Susana Rico y el diputado provincial Alberto Guerrero, mostrando el respaldo institucional a una de las señas de identidad del municipio.
Tras la misa, llegó uno de los momentos más esperados por el público. La Botarga, encarnada este año por Marcos Domingo, realizó su tradicional baile ante la imagen de San Pablo a la salida de la parroquia. Aunque las bajas temperaturas obligaron a reducir el recorrido procesional, la emoción se mantuvo intacta entre los asistentes.

El recorrido concluyó en la Plaza Mayor, donde aguardaba la Botarga de Humanes, invitada en esta edición. Allí, el grupo de baile Almirez tomó el relevo festivo, acompañado por los dulzaineros seguntinos, aportando ritmo y color a una mañana marcada por el ambiente invernal.
El mediodía trajo consigo uno de los momentos más destacados de la jornada. Lucía Moratilla, única mujer participante en la parrilla de la División 1 del Campeonato de España de Autocross, fue reconocida con el galardón de Botarga del Año, un premio que refuerza el vínculo entre la fiesta y los valores de superación y visibilidad femenina.

La programación continuó con un animado vermú popular, acompañado de música y exhibiciones de baile, que reunió a más de doscientas personas alrededor de uno de los platos más emblemáticos de la gastronomía local: las migas. Elaboradas por el movimiento vecinal, se convirtieron en el mejor combustible para afrontar el tramo final de la celebración.
La jornada concluyó con rifa, bingo y disco móvil, poniendo el broche final a un día intenso que volvió a demostrar la fuerza de las fiestas de invierno en la provincia de Guadalajara.
Un año más, el sonido de los cascabeles, los golpes de cachiporra y la tradicional petición de limosna botarguera volvieron a recorrer Fuencemillán. La Botarga de San Pablo sigue siendo el auténtico corazón de una fiesta que resiste al frío y al paso del tiempo, consolidándose como uno de los rituales más singulares del invierno alcarreño.
Enero se vive en Guadalajara al ritmo de las Botargas y la dulzaina







