La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Atanzón, memoria de piedra en el corazón de La Alcarria
Hay pueblos que guardan su historia en los pliegues del paisaje, y otros que la elevan en piedra para que el tiempo no la borre. Atanzón, asentado en una suave hondonada de la meseta alcarreña y abierto al profundo valle del Ungría, pertenece a estos últimos. Sobre el caserío, dominando con silenciosa autoridad el trazado de sus calles, se alza la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Atanzón, el edificio más emblemático del municipio y uno de los templos más notables de la provincia de Guadalajara.
Declarada Bien de Interés Cultural (BIC) el 8 de julio de 1992, esta iglesia parroquial es un espacio de culto, un compendio de siglos, estilos y memorias, un libro abierto de arquitectura y de historia local que resume el devenir de una villa profundamente ligada a los avatares del poder, la fe y la vida rural.

De la Zarza a la Asunción: historia de una villa señorial
La iglesia, conocida antiguamente como Nuestra Señora de la Zarza, fue construida bajo la advocación de la Virgen de la Asunción entre la segunda mitad del siglo XVI y el siglo XVII, coincidiendo con una etapa de esplendor para Atanzón. El origen del municipio se remonta al siglo XIII, cuando pasó a manos de don Fernán Rodríguez Pecha, camarero del rey Alfonso XI, iniciando un largo periplo señorial que acabaría integrándolo en la poderosa órbita de la casa de Mendoza.
No fue un simple intercambio de tierras el que marcó su destino. En 1469, el cardenal don Pedro González de Mendoza cedió la villa, junto con otros enclaves de la tierra de Guadalajara, a don Álvar Gómez de Ciudad Real, secretario de Enrique IV, a cambio de la villa de Maqueda. Desde entonces, los Gómez de Ciudad Real —familia de guerreros, poetas y servidores de la Corona— dejaron una profunda huella en el municipio, visible aún hoy en los escudos heráldicos que adornan la portada del templo.

Arquitectura renacentista con ecos barrocos y mudéjares
La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Atanzón responde a un modelo de iglesia de salón, con tres naves de igual altura separadas por esbeltas arcadas de medio punto, apoyadas sobre sólidas columnas cilíndricas con capiteles toscanos. Esta disposición otorga al interior una armonía serena, de clara inspiración renacentista, que se ve enriquecida por añadidos barrocos posteriores.
El crucero se cubre con bóvedas de crucería estrellada, cuyas claves marcan los cruces de nervios como puntos de tensión simbólica y estructural. El resto de la nave principal se cubre con un soberbio artesonado mudéjar de madera, con dobles tirantes y canecillos tallados, uno de los elementos más valiosos del conjunto, testimonio de la pervivencia de técnicas y sensibilidades medievales en plena Edad Moderna.
Las naves laterales, más sobrias, se cubren con estructuras de madera vistas, mientras que a los pies del templo se sitúa el coro alto, una pieza de gran calidad artística, profusamente tallada, que conserva la fecha de 1565 como testigo directo de la cronología del edificio. Bajo él, aprovechando el cuerpo inferior de la torre, se ubica el baptisterio.
La capilla del Cristo y la huella del Barroco
Como singular añadido a la traza renacentista original destaca la capilla barroca del Cristo de la Consolación, adosada al lateral norte del templo. De planta dividida en dos tramos, combina una cabecera rectangular cubierta con bóveda de cañón y un cuerpo principal cuadrado coronado por una cúpula sobre pechinas. Su arquitectura, más dinámica y ornamental, introduce un diálogo estilístico que enriquece el conjunto sin romper su equilibrio.
En el interior del templo, los muros aparecen revestidos y pintados en tonos suaves que realzan la limpieza de la sillería vista en las arcadas. El pavimento cerámico moderno convive con antiguas lápidas funerarias conservadas en el lateral sur, una de ellas con el nombre de Álvar Gómez de Ciudad Real, cerrando así el círculo entre arquitectura, linaje e historia.
Una portada que mira a Italia
Exteriormente, la iglesia se presenta como una sólida construcción de mampostería de piedra caliza, de tonos dorados y grises que cambian con la luz del día. La sobriedad de los muros contrasta con la monumentalidad de su portada principal, abierta en el centro de la nave lateral sur tras un atrio elevado.
Esta portada renacentista, de arco de medio punto flanqueado por columnas estriadas de orden toscano y rematada por un frontón triangular, revela una clara influencia de los tratados de arquitectura de Sebastiano Serlio. En las enjutas del arco se conservan los escudos de los Gómez de Ciudad Real: un león bermejo sobre campo de plata y tres puñales de oro sobre azur, símbolos pétreos del poder que impulsó la construcción del templo.
Torre, sacristía y paisaje
A los pies de la nave se levanta la torre campanario, de planta cuadrada y clara influencia barroca, dividida en dos cuerpos y rematada por una espadaña de ladrillo visto. Desde ella, las campanas han marcado durante siglos el ritmo cotidiano de Atanzón, acompañando celebraciones, duelos y ciclos agrícolas.
En la cabecera, como prolongación de la nave lateral sur, se sitúa la sacristía, mientras que al lado opuesto se adosa la capilla del Cristo, completando un conjunto arquitectónico perfectamente integrado en el entorno urbano.
Patrimonio vivo de La Alcarria
La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Atanzón no es solo el edificio más singular del municipio, sino uno de los referentes patrimoniales de toda La Alcarria. Restaurada recientemente, conserva la pátina de los siglos sin renunciar a la dignidad de un espacio vivo, donde pasado y presente conviven con naturalidad.
En palabras de Felipe María Olivier López de Merlo, cronista apasionado de la memoria atanzonera, este pueblo tiene “tantas historias, decires y siluetas” que resulta imposible comprenderlo sin alzar la vista hacia su iglesia. Allí, entre piedra, madera y silencio, late aún el pulso de una villa que ha sabido preservar su alma.
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