De padres a hijos: tres historias de comercio familiar en Azuqueca
El comercio local en Azuqueca de Henares también se construye con historias que pasan de generación en generación. Con motivo del Día del Padre, varios comerciantes del municipio recuerdan cómo heredaron el negocio familiar y continuaron el camino que un día iniciaron sus progenitores.
El comercio minorista representa cerca del 5 % del Producto Interior Bruto en España y da empleo a más de tres millones de personas. De esos negocios, aproximadamente uno de cada cuatro tiene su origen en un relevo generacional entre padres e hijos, una realidad que también está muy presente en Azuqueca de Henares.
“Tenemos identificados al menos seis negocios que han pasado de padres a hijos, aunque en Azuqueca la lista de comercios y empresas con relevo generacional es en realidad aún mayor”, explica Maika Casas, presidenta de la Asociación de Comerciantes, Empresarios y Profesionales de Azuqueca (ACEPA).
Entre ellos hay ejemplos muy diversos: desde bares o carnicerías hasta tiendas de ropa, ferreterías, oficinas de seguros o jugueterías.
En muchos casos, el relevo comienza casi sin darse cuenta. Primero ayudando en pequeñas tareas y, con el paso del tiempo, convirtiendo esa colaboración en una forma de vida.
Una bicicleta y los primeros recibos
Leopoldo de la Sen recuerda bien cómo empezó todo. De niño recorría Azuqueca de Henares en bicicleta repartiendo y cobrando los recibos que le entregaba su padre. Era su forma de echar una mano en el negocio familiar de seguros, una actividad que ayudaba a completar los ingresos de la familia.
Con el paso del tiempo llegó el momento decisivo. Su padre se plantó frente a él y le dijo:
“Si lo quieres, esto es para ti”.
Aquella frase marcó el inicio de una continuidad que, años después, acabaría transformando y ampliando el negocio. Hoy, su oficina de seguros forma parte de la historia del comercio local en Azuqueca.
De ayudar los sábados a dirigir la ferretería
La historia de Chema de Mingo también comenzó muy pronto.
“Los sábados mi padre me decía que me subiera a la tienda y me mandaba a retirar cartones o a ayudar en cualquier cosa”, recuerda.
En su caso, asumir el negocio llegó por una circunstancia familiar.
“Mi padre me dijo que tenía que hacerme cargo porque debía cuidar de mi madre, que estaba enferma”.
Era el año 1993. Desde entonces, De Mingo continúa al frente de la ferretería familiar en Azuqueca de Henares, un establecimiento que empezó a modernizar desde el primer momento y que sigue siendo parte del día a día de muchos vecinos.
Una tienda de chucherías llena de recuerdos
Algo parecido le ocurrió a Javier Delgado. Durante años no prestó demasiada atención a la tienda de chucherías de la calle Libertad, abierta por su padre, Don Pedro. Sin embargo, el destino acabó colocándole detrás del mostrador.
“Yo heredé el negocio un poco de rebote. Había aparcado los estudios para ir a la mili y mi padre se jubilaba. Mis hermanas no querían continuar y me preguntó si lo quería porque, si no, lo cerraba”, explica.
Aceptó el reto y hoy sigue atendiendo el establecimiento, que aún mantiene en el toldo el nombre K’Pedro, en homenaje a su padre. Desde allí lleva décadas repartiendo sonrisas en forma de caramelos, regalices, cromos y revistas.
“La verdad es que yo no estaba muy interesado en la tienda, venía solo cuando había más jaleo, pero estoy muy contento de haberme hecho cargo. Aquí hablas con la gente, escuchas… a veces hacemos un poco de psicólogos”, comenta.
El valor del comercio de barrio
Como Chema o Leopoldo, Javier conoce a muchos de sus clientes por su nombre. Sabe también sus rutinas y sus historias. Esa cercanía con quienes cruzan cada día la puerta del establecimiento sigue siendo una de las principales señas de identidad del comercio de barrio en Azuqueca de Henares.
Desde ACEPA recuerdan que el relevo generacional en el comercio local sigue siendo uno de los grandes retos del sector, ya que muchos negocios no encuentran continuidad cuando llega la jubilación de sus propietarios.
Por eso, para muchos comerciantes, continuar con el negocio familiar no solo es una decisión profesional. También es una forma de agradecer el esfuerzo de quienes lo levantaron desde cero. Y, en cierto modo, el mejor regalo que un hijo o una hija puede hacer a su padre.







