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Un catedrático de la Universidad de Alcalá aclara las claves del hantavirus y su riesgo real para la población
El reciente aumento de la atención mediática en torno al hantavirus, tras la detección de casos en un crucero internacional, ha reavivado las dudas sobre este grupo de virus y su posible impacto en la salud pública. Sin embargo, los expertos insisten en que la situación está lejos de asemejarse a una amenaza global.
El catedrático de microbiología de la Universidad de Alcalá y antiguo rector, José Vicente Saz, ha explicado en detalle qué es realmente el hantavirus, cómo se transmite y por qué una pandemia es, en la práctica, muy improbable.
El hantavirus no es un único virus, sino una familia amplia
Uno de los principales errores habituales al hablar de este patógeno es tratarlo como si fuera un solo virus. Según Saz, el término engloba en realidad una extensa familia con más de 40 variantes distribuidas por todo el mundo.
“Se trata de una familia de virus con características distintas según la región”, explica el especialista, que distingue tres grandes grupos: asiático, europeo y americano. Cada uno de ellos presenta cuadros clínicos diferentes y niveles de gravedad variables.
En Sudamérica, por ejemplo, se han identificado dos grandes linajes asociados a enfermedad respiratoria severa: uno vinculado al antiguo virus Andes y otro relacionado con el virus Laguna Negra, ambos responsables de casos en Argentina y países cercanos.
Diferencias entre regiones: del riñón al sistema respiratorio
Las manifestaciones clínicas del hantavirus dependen de la variante implicada. El grupo asiático suele provocar fiebre hemorrágica con afectación renal y una mortalidad que puede situarse entre el 30% y el 40%.
En Europa, las infecciones tienden a ser más leves, con afectación renal y una recuperación generalmente favorable. Sin embargo, los casos más preocupantes en la actualidad son los procedentes de América.
Los hantavirus americanos pueden desencadenar el llamado síndrome pulmonar por hantavirus, una enfermedad respiratoria grave con elevada letalidad. Este comportamiento clínico es el que más atención genera en el ámbito sanitario internacional.
El origen del brote en Estados Unidos
El virus se identificó por primera vez en 1993 tras un brote en la región de Four Corners, en Estados Unidos, donde confluyen los estados de Arizona, Colorado, Nuevo México y Utah.
En aquel episodio se detectó una variante que posteriormente fue denominada “virus Sin Nombre”, considerada la primera asociada al síndrome pulmonar por hantavirus en América.
Este hallazgo marcó un antes y un después en el estudio de estos virus y permitió comprender mejor su relación con los reservorios animales.
Los roedores salvajes, clave en la transmisión
Uno de los aspectos fundamentales para entender el comportamiento del hantavirus es su origen zoonótico. Los roedores salvajes actúan como reservorio natural del virus sin sufrir la enfermedad.
“El virus no les afecta, pero pueden eliminarlo a través de heces, orina o saliva”, señala el catedrático de la Universidad de Alcalá.
El contagio en humanos se produce cuando estas partículas se dispersan en el aire y son inhaladas, especialmente en espacios cerrados o mal ventilados. En cambio, la transmisión entre personas es extremadamente limitada.
“La capacidad de contagio humano es baja; un enfermo suele transmitirlo a muy pocas personas”, puntualiza Saz.
Prevención y limpieza en espacios cerrados
Una de las preocupaciones más frecuentes es cómo actuar en entornos potencialmente contaminados. Según el experto, la desinfección es relativamente sencilla.
El uso de soluciones con hipoclorito sódico, como la lejía, es suficiente para inactivar el virus en superficies contaminadas, lo que facilita el control en situaciones de riesgo.
¿Puede el hantavirus provocar una pandemia?
Tras la experiencia reciente con la COVID-19, la posibilidad de una nueva pandemia genera inquietud. Sin embargo, los expertos son claros al respecto: el riesgo es muy bajo.
“No es comparable con el coronavirus desde el punto de vista de su comportamiento epidemiológico”, subraya José Vicente Saz.
Mientras que el SARS-CoV-2 destacó por su alta transmisibilidad, el hantavirus presenta el escenario contrario: una elevada gravedad clínica, pero una capacidad de contagio muy reducida.
Por ello, el especialista insiste en que la aparición de una gran epidemia o pandemia es altamente improbable.
Un reto científico: comprender mejor las zoonosis
Más allá de la alarma puntual, el catedrático de la Universidad de Alcalá destaca la importancia de seguir investigando las enfermedades zoonóticas, aquellas que se transmiten de animales a humanos.
“Cada microorganismo es diferente y requiere un enfoque propio”, recuerda Saz, quien subraya que las lecciones aprendidas con otros virus no siempre son aplicables en este caso.
El reto, concluye, está en profundizar en la relación entre fauna silvestre y seres humanos para anticipar mejor futuros riesgos sanitarios sin caer en alarmismos innecesarios. Desde GuadaRed, medio digital de la provincia de Guadalajara y el Corredor del Henares, seguimos muy de cerca lo que dicen los expertos para separar ruido de realidad y entender qué está pasando de verdad, sin dramas ni titulares que confundan. Porque en salud, la info clara siempre vale más que el hype.
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