Grooming: cuando una charla por Internet se convierte en una trampa
El grooming es una forma de acoso sexual a menores que ocurre en Internet y que muchas veces pasa desapercibida porque no empieza de forma violenta. Al contrario: suele comenzar con una conversación aparentemente normal, un “hola” en redes sociales o alguien que parece tener mucho en común contigo.
Niños y adolescentes pasan cada vez más tiempo conectados: chatean, juegan online, comparten vídeos y hablan con sus amigos a través del móvil. Ese entorno, que para ellos es natural, también puede ser aprovechado por adultos que se hacen pasar por menores para acercarse a ellos con malas intenciones.
¿Qué es exactamente el grooming?
El grooming ocurre cuando un adulto contacta con un menor a través de Internet para ganarse su confianza poco a poco y, más adelante, manipularlo o chantajearlo con fines sexuales. Puede pedir fotos, vídeos, proponer videollamadas íntimas o incluso intentar quedar en persona.
Lo más peligroso es que el menor casi nunca se da cuenta de que está siendo víctima de un delito. Todo parece una amistad, una relación especial o alguien que “le entiende mejor que nadie”.
Todo empieza como algo inocente
El primer contacto suele darse en redes sociales como Instagram o TikTok, en chats de videojuegos o en grupos de mensajería.
El agresor crea un perfil falso con una edad parecida, gustos similares y un lenguaje cercano.
Al principio se habla de cosas normales: estudios, música, series, problemas del día a día. Poco a poco se crea confianza. El menor se siente cómodo, escuchado y valorado. Y cuando esa confianza ya está ahí, la conversación empieza a cambiar.
De la confianza al miedo
Después de un tiempo, el acosador introduce comentarios más personales o sexuales, casi siempre de forma gradual. Puede hacerlo como una broma, un reto o una prueba de confianza. En muchos casos, consigue que el menor envíe una foto o un vídeo íntimo sin ser consciente de las consecuencias.
A partir de ese momento aparece el chantaje:
“si no me mandas más, lo enseño”, “lo voy a publicar”, “se lo envío a tus padres”.
El miedo y la vergüenza hacen que muchos menores se sientan atrapados y no sepan a quién acudir.
Las etapas del grooming, paso a paso
Aunque cada caso es distinto, el grooming suele seguir un camino parecido:
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Primero, el agresor se gana la confianza del menor.
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Después, le anima a guardar secretos y a no contar nada a nadie.
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Comprueba si hay adultos que controlen el móvil o el ordenador.
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Empieza a hablar de sexo poco a poco.
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Y finalmente pide imágenes, vídeos o encuentros, usando amenazas si el menor se niega.
Todo ocurre despacio, sin prisas, y eso hace que sea tan difícil de detectar.
No es algo raro ni lejano
Datos de Save the Children señalan que en casi la mitad de los casos el agresor es un desconocido y que la mayoría no tiene antecedentes. También hay situaciones en las que el acosador es alguien cercano: un monitor, un entrenador o una persona del entorno del menor.
El grooming puede ocurrir en cualquier familia y en cualquier contexto. No entiende de clases sociales ni de edades concretas.
Las consecuencias no se quedan en la pantalla
El grooming deja huella. Las víctimas pueden sentir miedo constante, ansiedad, tristeza, vergüenza o culpa. También es frecuente que bajen sus notas, se aíslen de sus amigos o pierdan interés por cosas que antes les gustaban.
Muchos menores no hablan de lo que les pasa porque creen que han hecho algo mal o porque temen que no les crean. Ese silencio es lo que permite que el abuso continúe.
Hablar es la mejor forma de prevenir
La prevención empieza con algo tan sencillo —y tan importante— como hablar. Hablar en casa y en la escuela sobre Internet, sobre relaciones sanas, sobre sexualidad y sobre límites.
Acompañar a los menores en su vida digital, poner normas claras, acordar horarios y fomentar el uso de dispositivos en espacios comunes ayuda a reducir riesgos. Pero, sobre todo, es clave que sepan que pueden contar lo que les pasa sin miedo.
El mensaje debe ser claro: si algo te hace sentir incómodo, no es tu culpa y puedes pedir ayuda.
¿Qué hacer si hay un caso de grooming?
Si un menor cuenta que está viviendo una situación de grooming, lo más importante es escucharle con calma, creerle y apoyarle. No hay que borrar mensajes ni imágenes, ya que pueden ser pruebas importantes.
Nunca se debe ceder al chantaje
Ante cualquier caso, es fundamental denunciar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que cuentan con unidades especializadas. El apoyo psicológico también puede marcar la diferencia para ayudar al menor a superar lo vivido.
El grooming es una violencia silenciosa, pero real. Informar, acompañar y escuchar a niños y adolescentes es la mejor manera de protegerlos en un mundo cada vez más conectado.
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