11 de febrero 2026, jornada marcada por las protestas del campo. Madrid se convierte en el centro de una gran tractorada que colapsará el centro de la capital con 500 tractores llegados en cinco columnas para exigir una PAC sin recortes y frenar el acuerdo comercial con Mercosur.
Miércoles, 11 de febrero de 2026, jornada marcada por las protestas del campo
Madrid despierta con el sonido grave y persistente de los motores agrícolas avanzando hacia el centro. No es una imagen simbólica ni un gesto testimonial: es una gran tractorada que colapsará Madrid este miércoles 11 de febrero de 2026, una movilización que quiere sacudir conciencias y colocar en el centro del debate político el futuro del campo español.
Desde primera hora de la mañana, cinco columnas de tractores —lentas, compactas, decididas— se abren paso por carreteras secundarias hacia la capital. Vienen de Torrejón de la Calzada, Guadalajara, El Espinar (Segovia), Robregordo y Arganda del Rey. Son 500 tractores autorizados por la Delegación del Gobierno —la mitad de los previstos inicialmente— y miles de agricultores y ganaderos que los acompañan a pie o en autobuses fletados desde distintas comunidades autónomas.
No llegan a Madrid por folclore ni por tradición reivindicativa. Llegan, dicen, porque se sienten al límite.
El campo se planta contra la PAC y Mercosur
La protesta tiene dos ejes claros: los recortes proyectados en la futura Política Agraria Común (PAC) para el periodo 2028-2034 y el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur. Dos decisiones que, a juicio de los convocantes —Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos y la Unión Nacional de Asociaciones del Sector Primario Independientes (Unaspi)—, pueden asestar un golpe casi definitivo a miles de explotaciones familiares.
“Una PAC sin recortes” y “Oxígeno para el campo” son algunas de las consignas que se escucharán este miércoles en el Paseo del Prado. Detrás de los lemas hay una denuncia reiterada: el campo soporta costes de producción cada vez más altos —energía, fertilizantes, fitosanitarios— mientras los precios en origen no cubren gastos y la cadena alimentaria, sostienen, sigue sin equilibrar márgenes.
El acuerdo con Mercosur ha reactivado la indignación. Aunque el pacto se encuentra actualmente bajo examen del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), las organizaciones temen que pueda aplicarse de forma provisional. El miedo no es abstracto: se traduce en números rojos.
“No nos podemos comparar con los países que quieren entrar en Mercosur”, explica Adrián, agricultor de Cuenca que participa en la columna que parte de Arganda del Rey.
“Aquí tenemos exigencias medioambientales, sanitarias y laborales muy estrictas. Si entran productos más baratos producidos con otras normas, no podemos competir. Es inviable”.
El mensaje se repite en cada tractor. Competencia desleal. Soberanía alimentaria en riesgo. Desaparición progresiva del pequeño y mediano agricultor.
Cinco columnas, un mismo grito
La imagen de la mañana es la de cinco ríos de hierro avanzando hacia la Plaza de Colón, punto de encuentro fijado entre las 11:00 y las 11:30 horas. Desde allí, la tractorada recorrerá el Paseo de Recoletos y el Paseo del Prado hasta el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, donde sobre las 13:30 horas se celebrará un acto reivindicativo y se entregará un documento con las demandas del sector.

Las columnas no solo transportan maquinaria agrícola; transportan también historias de incertidumbre. En Guadalajara, un autobús salía a las 8:00 de la mañana desde el aparcamiento de El Corte Inglés. En Castilla y León, más de 30 autobuses han puesto rumbo a Madrid. Desde Valencia, Galicia o Andalucía también han partido agricultores que quieren estar presentes en una jornada que consideran decisiva.
Rubén Flores, presidente de la Asociación en Defensa del Campo de Guadalajara, lo resume con crudeza:
“Muchos agricultores están dejando tierras. Los precios han bajado entre un 30% y un 40%. No puedes trabajar a pérdidas. Hay gente que está valorando dejarlo todo”.
Él mismo admite que ha tenido que diversificar cultivos y reducir superficie de maíz ante la escalada de costes.
“Antes sembrabas con cierta previsión. Ahora lo primero es coger un boli y echar cuentas. Si no salen, no se siembra”.
Madrid, escenario del colapso
La tractorada provocará importantes cortes de tráfico en la capital. Aunque los tractores no circularán por la M-30 ni la M-40, sí afectarán a arterias clave como Vía Lusitana, Plaza Elíptica, Marcelo Usera, Paseo de las Delicias, Embajadores, Puerta de Toledo, Bailén, Plaza de España, Princesa, Alberto Aguilera, Sagasta y Génova.
También se verán alteradas calles como Alcalá, Francisco Silvela, Joaquín Costa, Paseo de la Castellana, O’Donnell y Goya. El Ayuntamiento recomienda evitar el vehículo privado en el centro durante la mañana.
Más de 1.800 efectivos —más de 1.000 policías nacionales y 800 guardias civiles, además de policías locales— integran el dispositivo de seguridad. El delegado del Gobierno ha reconocido que la jornada alterará la circulación, aunque subraya que el recorrido ha sido ajustado por motivos de seguridad.
Pero para los manifestantes, el verdadero colapso no es el del tráfico: es el de la rentabilidad.
“No es solo cosa del campo”
Las organizaciones convocantes insisten en que la protesta trasciende lo sectorial.
“No es un asunto solo de agricultores y ganaderos, es de toda la sociedad. Todos comemos tres veces al día”, recuerdan.
Argumentan que si desaparecen explotaciones familiares, se pierde tejido rural, empleo, paisaje y capacidad de decidir qué se produce y cómo se produce.
La falta de relevo generacional, el cierre de explotaciones ganaderas, la reducción de superficie cultivada y la incertidumbre normativa forman parte de un malestar acumulado que hoy toma forma de tractorada.
Dos años después de la movilización masiva de febrero de 2024, el sector vuelve a medir su fuerza. Entonces las cifras de asistencia generaron controversia; ahora el objetivo es político: frenar los recortes de la PAC y evitar que el acuerdo con Mercosur avance sin garantías.
Este 11 de febrero, Madrid no solo acoge una protesta. Acoge el pulso de un sector que advierte que está cansado de ajustes, de promesas y de reformas que, en su opinión, no pisan el barro de la realidad rural.
El campo se planta. Y hoy lo hace sobre asfalto.
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