CRÓNICA COMPLETA DE UNA JORNADA HISTÓRICA EN ESPINOSA DE HENARES
El día en que el corazón de Espinosa de Henares volvió a latir al compás de sus gigantes y la dulzaina
Crónica de la inolvidable jornada del martes 1 de septiembre: un viaje lleno de emoción desde el pregón infantil y los carretones de la mañana hasta el apoteósico triunfo de la comparsa de gigantes, los dulzaineros Los Maurotos, las majorettes y el grupo de jotas en una Plaza Roja desbordada.
Por la redacción de Guadared
(Con la colaboración especial de Evelyn y Sara desde Espinosa de Henares)
Hay días en los que la tradición deja de ser una palabra escrita en los libros para convertirse en una fuerza viva, en un sentimiento puro que eriza la piel y contagia cada esquina de un pueblo. El martes 1 de septiembre en Espinosa de Henares, el ambiente estaba marcado por un sol abrasador e inusual para el arranque del mes y un fervor contenido que se mascaba en los corrillos del municipio.
“Va a ser un día histórico”, se repetía en la plaza desde días atrás. Y no era una exageración.
Gracias al entusiasmo contagioso con el que nuestras colaboradoras Sara y Evelyn han ido relatando minuto a minuto cada detalle para la redacción de Guadared, hoy podemos narrar una crónica con alma, con nombres propios y con el orgullo de un pueblo que se ha negado a dejar morir sus raíces.
La mañana: el futuro de la fiesta en las voces de diez pequeños pregoneros
La jornada arrancó a las 11:00 horas en el corazón del municipio. El ambiente matutino se convirtió en un tributo a la familia, a la infancia y al relevo generacional que garantiza el mañana de nuestras fiestas patronales.
El pregón infantil no fue un trámite más, sino un momento de profunda emoción vecinal.
Diez niños y niñas, quintos y portadores de la ilusión del mañana, tomaron la palabra convertidos en los absolutos protagonistas: Unai, Ángel, Nico, Keisha, Aarón, Irai, Valeria, Gonzalo, Emma y Victoria.
El pueblo entero contuvo el aliento cuando Jesús Ángel Calvo subió al estrado sosteniendo con orgullo en brazos a su hijo Ángel, escenificando ese abrazo entre generaciones donde la identidad espinosera se transmite de padres a hijos antes casi de aprender a caminar.
Sus palabras de alegría colectiva fueron el preludio perfecto para el bullicio. Inmediatamente después, el relevo festivo lo tomaron los encierros infantiles con carretones, organizados para que los más pequeños sintieran el gusanillo del festejo taurino entre carreras, risas, quiebros imaginarios y los vítores de unos padres y abuelos que abarrotaban las aceras.

Detrás del milagro: la unión vecinal que devolvió la vida a la comparsa
Para comprender el impacto de lo que sucedió por la tarde, hay que echar la vista atrás y conocer la intrahistoria de esta victoria comunitaria. Durante años, la comparsa de gigantes y cabezudos de Espinosa de Henares agonizaba lentamente. Las desgastadas figuras descansaban en el olvido, las salidas eran testimoniales y parecía que una de las costumbres más arraigadas del folclore local estaba abocada a desaparecer.

Pero la cultura popular solo muere si el pueblo la abandona. Y Espinosa no lo hizo. Movidos por la nostalgia y el amor a su tierra, un grupo de vecinos decidió levantarse y soñar de nuevo. A la cabeza de este movimiento revitalizador se situó Antonio Ayllón, amigo entrañable y compañero de Antonio Trijueque en el célebre grupo de Dulzaineros Los Maurotos.
“Hace unos años parecía que esta costumbre se estaba perdiendo, pero gracias al esfuerzo colectivo la hemos recuperado con más fuerza que nunca”, relata con orgullo Antonio Ayllón.
Detrás del regreso de los gigantes no hay grandes presupuestos ni patrocinios institucionales; hay horas de trabajo desinteresado. Ha sido un triunfo del corazón: artesanos que moldearon de la nada las pesadas estructuras, vecinas que pasaron semanas hilando y cosiendo trajes con mimo artesanal, porteadores que ensayaron hasta la extenuación para aprender a equilibrar la madera sobre los hombros, y músicos que compusieron una banda sonora a la altura del mito.
La tarde: elegancia, devoción y el desfile triunfal hacia la Plaza Roja
El bullicio volvió a tomar las arterias principales de Espinosa de Henares. Los balcones lucían engalanados con los estandartes en honor a la Virgen de la Asunción, y las familias se apresuraban a tomar sitio.

A las 19:00 horas dio comienzo el esperado desfile de Gigantes y Cabezudos, escoltado por el inconfundible ritmo de la Asociación de Majorettes de Espinosa de Henares. Auténtica alma de la celebración, las majorettes encandilaron a vecinos y visitantes con su marcialidad y sincronización. Este año, además, todas las miradas se posaron en la jovencisima debutante María Calvo, quien a pesar de su corta edad desfiló con un desparpajo y un empaque que auguran un futuro brillante en el grupo.
Junto a los irreverentes cabezudos y la majestuosidad tradicional de las figuras del Rey y la Reina, la atención de niños y mayores se centró en la pareja más querida y singular de la comparsa: la Águeda y el Habraqué.
Estrenados en la edición anterior, la Águeda y el Habraqué han dejado de ser dos figuras de cartón piedra para convertirse en auténticos símbolos de la identidad local. Poseen una mística única.
Especialmente el Habraqué. Con su inconfundible botellín en la mano y su fisonomía popular, este gigante encarna la picardía, la fiesta y la alegría desenfadada del pueblo. Ayer, en cuanto los acordes de la dulzaina comenzaron a sonar, los jóvenes del municipio se agolparon bajo sus faldas para hacerlo bailar, hacerlo girar y elevarlo ante el cielo de septiembre. A su lado, la majestuosa Águeda lucía los encajes y galas cosidas por las manos de las mujeres del pueblo, representando la dignidad de nuestras raíces.
Los niños seguían sus pasos con los ojos abiertos como platos, hipnotizados por la envergadura de las figuras; los mayores secaban alguna lágrima contenida al recordar su propia juventud, y cientos de pantallas de teléfono se alzaban al aire para inmortalizar un instante que ya forma parte de la historia de la comarca del Henares.
Apoteosis en la Plaza Roja: música magistral y la magia del folclore
A las 19:45 horas (las ocho menos cuarto), el desfile desembocó en el corazón neurálgico del municipio: una Plaza Roja absolutamente abarrotada donde no cabía un alfiler. Allí, la emoción contenida se desbordó en una explosión de música, danza y aplausos.
El escenario fue tomado por el grupo de dulzaineros Los Maurotos, el sonido inconfundible de la fiesta en la provincia de Guadalajara. Destacó Enrique Poza, quien deslumbró a los asistentes regalando una interpretación vocal llena de garra y sensibilidad.
Acompañando a Poza, la sección de percusión y vientos, con la precisión de un reloj suizo gracias a un sólido quinteto compuesto por Antonio Ayón, el maestro Antonio Trijueque, Roberto “El Tigre”, Roberto y Kicón. El retumbar del bombo marcaba el latido de una plaza entregada.
Un estreno musical con historia íntima
Las melodías que resonaron en la Plaza Roja no eran pasacalles ordinarios. Sonaron las piezas incluidas en el Volumen 4 del “Cuadernillo de Partituras para Dulzaina Castellana”, una obra cumbre titulada “Música para Gigantes y Cabezudos”, fruto de los más de treinta años de trayectoria de Antonio Trijueque y sus dos décadas como docente en la Escuela de Folklore de la Diputación de Guadalajara.
De entre las quince composiciones del trabajo, sobresalió “Vals-Jota de Gigantes y Cabezudos”, una pieza pegadiza y airosa diseñada específicamente para acompasar los giros de los cuatro gigantes.
Las jotas de las mujeres y un bis para la historia
La música dio paso al baile, porque en Espinosa de Henares la tradición no se contempla pasivamente desde la barrera: se baila con el alma. El grupo de jotas de las mujeres de Espinosa tomó la pista de la Plaza Roja para ofrecer un recital de elegancia, coordinación y fervor folclórico.
El repertorio fue un recorrido minucioso por las joyas de la música tradicional regional:
-
El Pollo de Maranchón, ejecutado con desparpajo y ritmo contagioso.
-
Los cuatro paloteos de Albalate, una muestra de coordinación impecable que arrancó ovaciones cerradas.
-
El palo de cintas, tejiendo alegres colores alrededor del mástil al compás de la dulzaina.
-
La Jota de Espinosa, el himno oficioso que levantó a la plaza entera de sus asientos.
Ante el arrollador éxito de la convocatoria y el público puesto en pie reclamando más, la agrupación no tuvo más remedio que improvisar y ejecutar un bis fuera de programa, prolongando la magia de una tarde donde el tiempo pareció detenerse.
Cuando las últimas notas de la dulzaina se apagaron y la Águeda y el Habraqué se retiraron a descansar tras su agotadora danza, en el ambiente de la Plaza Roja flotaba una certeza compartida: la de haber sido testigos de algo grande.

Lo vivido este 1 de septiembre en Espinosa de Henares no ha sido únicamente un día de fiesta en el calendario; ha sido la constatación inequívoca de que las costumbres de nuestros pueblos no mueren mientras haya vecinos dispuestos a soñarlas, trabajarlas y transmitirlas con pasión.
Desde la redacción de Guadared, solo nos queda agradecer a Sara, a Evelyn y a todo el pueblo de Espinosa por habernos permitido contar esta historia. Porque ayer, en este hermoso rincón de Castilla junto al río Henares, la historia y la cultura popular no se contaron… se vivieron con el corazón.
Fiestas de Espinosa de Henares 2026 | Habraqués, toros, peñas y tradición
El II Triatlón de Espinosa de Henares reúne a medio centenar de deportistas







