Análisis de ‘El ser querido’, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen protagonizada por Javier Bardem y Victoria Luengo. Crítica, reparto, estreno, Festival de Cannes y pase especial en Multicines Guadalajara.
‘El ser querido’: Rodrigo Sorogoyen firma su película más íntima y devastadora con un inmenso Javier Bardem y una magistral Victoria Luengo
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Tras conquistar el Festival de Cannes 2026 con una de las propuestas españolas más celebradas del certamen, Rodrigo Sorogoyen regresa a la gran pantalla con ‘El ser querido’, un drama de una intensidad emocional extraordinaria que disecciona la figura del creador todopoderoso, la violencia heredada y la imposibilidad de reconciliar el amor con el daño.
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Javier Bardem y Victoria Luengo protagonizan un duelo interpretativo destinado a permanecer entre los grandes acontecimientos cinematográficos del año.
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El próximo 26 de agosto, el público de Guadalajara podrá descubrir la película en un pase especial en Multicines Guadalajara con coloquio online junto a Sorogoyen, Bardem, Luengo e Isabel Peña.
Pase especial de EL SER QUERIDO
Cuando el cine deja de ser un refugio para convertirse en un campo de batalla
Hay películas que nacen con la vocación de entretener y otras que parecen concebidas para permanecer en la memoria del espectador mucho después de abandonar la sala. El ser querido pertenece claramente a esta segunda categoría. Rodrigo Sorogoyen no busca la complacencia ni el sentimentalismo fácil. Tampoco pretende ofrecer respuestas cerradas. Su séptimo largometraje se adentra en uno de los territorios más incómodos del ser humano: la convivencia entre el amor y el resentimiento, entre la admiración y el miedo, entre el talento extraordinario y la devastación emocional que ese talento puede provocar en quienes viven a su alrededor.
Después de consolidarse como uno de los cineastas europeos más importantes de la última década con títulos como Que Dios nos perdone, El reino, Madre o la multipremiada As Bestas, Sorogoyen cambia aquí el foco. Si en sus trabajos anteriores exploraba la corrupción política, la violencia social o el miedo colectivo, en El ser querido desplaza el conflicto hacia un escenario mucho más íntimo y, precisamente por ello, infinitamente más doloroso.
No hay persecuciones ni grandes estallidos dramáticos. El suspense nace de las miradas, de los silencios, de las frases que nunca llegan a pronunciarse y de la certeza de que cada conversación puede convertirse en una herida abierta.
El cine dentro del cine como espejo moral
La premisa parece sencilla. Esteban Martínez, uno de los directores de cine más admirados de su generación, decide ofrecer un papel protagonista a su hija Emilia, una actriz cuya carrera se encuentra estancada. Ambos llevan más de una década prácticamente sin hablarse.
Lo que podría interpretarse como un gesto de reconciliación termina revelándose como un complejo laboratorio emocional donde cada ensayo, cada plano y cada pausa contienen décadas de culpa acumulada.
Sorogoyen utiliza el recurso del cine dentro del cine, pero evita cualquier tentación metacinematográfica superficial. No se trata de hablar del proceso de rodaje como simple curiosidad para cinéfilos. El plató funciona como un espacio donde desaparecen las fronteras entre representación y realidad.
¿Dónde termina el personaje y comienza la persona?
¿Puede un director manipular emocionalmente a un actor en nombre del arte?
¿Hasta qué punto una película puede convertirse en un mecanismo de reparación… o de venganza?
Estas preguntas atraviesan toda la narración sin necesidad de verbalizarse continuamente.
La demolición del mito del genio masculino
Uno de los aspectos más fascinantes de El ser querido es la manera en que Sorogoyen desmonta cuidadosamente una figura que el cine —y buena parte de la cultura occidental— ha protegido durante décadas: la del creador brillante cuya violencia parece quedar justificada por su talento.
Esteban Martínez pertenece a esa estirpe de artistas extraordinarios que ocupan cualquier espacio con una autoridad casi hipnótica. Es un hombre admirado por la industria, reverenciado por la crítica y temido por quienes han trabajado con él.
Lo extraordinario del guion escrito por Sorogoyen junto a Isabel Peña es que nunca cae en el maniqueísmo.
No convierte al personaje en un monstruo plano.
Tampoco intenta absolverlo.
Su complejidad nace precisamente de esa contradicción permanente. Esteban continúa siendo capaz de emocionar con su cine al mismo tiempo que destruye emocionalmente a quienes ama.
Sorogoyen no juzga.
Observa.
Y obliga al espectador a hacerlo también.
En tiempos donde abundan los discursos simplificadores, esta apuesta por la ambigüedad moral convierte la película en una experiencia mucho más incómoda y estimulante.
Javier Bardem ofrece una de las interpretaciones de su carrera
Hablar de Javier Bardem supone hacerlo de uno de los actores españoles más importantes de las últimas décadas. Sin embargo, El ser querido podría situarse entre los trabajos más complejos de toda su filmografía.
Su Esteban Martínez nunca levanta la voz innecesariamente.
No necesita exhibir autoridad.
La ejerce.
Cada gesto, cada silencio y cada mirada transmiten el peso de alguien acostumbrado a que todo el mundo gravite a su alrededor.
Resulta fascinante comprobar cómo Bardem consigue que el espectador oscile continuamente entre el rechazo y la fascinación.
Hay momentos en los que parece sinceramente arrepentido.
Un plano después, basta una frase apenas susurrada para comprender que continúa manipulando emocionalmente cuanto ocurre a su alrededor.
Esa capacidad para construir un personaje lleno de contradicciones explica que buena parte de la crítica internacional ya sitúe su nombre entre los grandes favoritos de la próxima temporada de premios.
No es una interpretación grandilocuente.
Es mucho más difícil.
Es una interpretación construida desde el control absoluto.
Victoria Luengo confirma que pertenece a la élite interpretativa española
Si Bardem representa el magnetismo del poder, Victoria Luengo encarna todo aquello que ese poder ha ido quebrando durante años.
Su Emilia vive permanentemente suspendida entre dos impulsos opuestos.
Necesita el reconocimiento de su padre.
Y, al mismo tiempo, necesita liberarse definitivamente de él.
La actriz catalana construye ese conflicto desde una contención admirable.
No busca el desgarro emocional permanente.
Lo dosifica.
Cada silencio pesa tanto como cualquier diálogo.
Cada respiración parece contener años enteros de abandono.
Sorogoyen comprende que el verdadero drama no reside en aquello que padre e hija son capaces de decirse, sino precisamente en todo aquello que nunca llegan a pronunciar.
Ese vacío emocional acaba convirtiéndose en el auténtico protagonista de la película.
Sorogoyen lleva la dirección de actores a un territorio casi documental
Uno de los aspectos más comentados durante el Festival de Cannes fue el método utilizado por Sorogoyen para filmar el primer encuentro entre Bardem y Luengo.
Ambos apenas habían ensayado juntos.
La primera escena se rodó prácticamente sin preparación previa.
Durante cerca de noventa minutos, los actores desarrollaron una conversación casi continua que después sería condensada en el montaje definitivo.
La decisión puede parecer arriesgada.
Lo es.
Pero responde perfectamente a la filosofía del director.
Sorogoyen persigue constantemente la sensación de verdad.
No le interesa tanto la perfección técnica como capturar aquello que sucede una única vez y resulta imposible repetir.
Ese procedimiento recuerda inevitablemente a determinados trabajos de John Cassavetes, donde la improvisación no era un recurso estético sino una forma de alcanzar una autenticidad emocional imposible de escribir completamente sobre el papel.
Aquí, sin embargo, esa libertad nunca deriva en caos.
Todo está cuidadosamente controlado.
La improvisación aparece sostenida por una planificación milimétrica que demuestra el extraordinario dominio del lenguaje cinematográfico del director madrileño.
La fotografía convierte cada formato en un estado emocional
Uno de los mayores hallazgos formales de El ser querido reside en su construcción visual.
La fotografía, firmada por Álex de Pablo, abandona cualquier uniformidad estética para utilizar distintos soportes cinematográficos conforme evoluciona el conflicto.
Digital.
35 milímetros.
16 milímetros.
8 milímetros.
Blanco y negro.
Color.
Cada decisión técnica responde al estado psicológico de los personajes y nunca a un simple ejercicio de estilo.
Sorogoyen utiliza el propio lenguaje del cine para hablar del deterioro emocional.
La imagen deja de registrar únicamente la realidad.
Empieza también a expresar la fractura interior de quienes aparecen frente a la cámara.
Ese riesgo formal confirma que El ser querido es probablemente la película más experimental de toda la carrera del director.
El silencio como lenguaje: cuando las palabras dejan de ser suficientes
Uno de los grandes logros de Rodrigo Sorogoyen consiste en comprender que las relaciones familiares más rotas no estallan necesariamente en grandes discusiones. En El ser querido, la verdadera violencia rara vez adopta la forma del grito. Se manifiesta en una mirada que se prolonga unos segundos de más, en una frase aparentemente inocente que encierra décadas de manipulación o en una pausa que pesa más que cualquier monólogo.
Sorogoyen filma el silencio como si fuera un personaje más.
No es casualidad que muchas de las escenas más intensas de la película apenas contengan diálogo. El director confía plenamente en el poder expresivo del rostro humano y permite que el espectador complete aquello que nunca llega a verbalizarse. Es una decisión profundamente cinematográfica en un momento histórico en el que gran parte del cine contemporáneo parece sentir la necesidad de explicarlo absolutamente todo.
Aquí sucede lo contrario.
La película invita a interpretar, no a consumir respuestas prefabricadas.
Ese respeto hacia la inteligencia del espectador convierte la experiencia en algo mucho más participativo y emocional.
La herencia de Bergman, Truffaut y Cassavetes sin caer en la imitación
Hablar de influencias cinematográficas siempre implica asumir un riesgo. Sin embargo, El ser querido dialoga con algunos de los grandes maestros del cine europeo sin perder jamás una voz propia.
Hay ecos evidentes de Ingmar Bergman en la manera de afrontar los vínculos familiares como espacios de culpa y dependencia emocional. Como ocurría en Sonata de otoño o Fresas salvajes, Sorogoyen entiende que el verdadero conflicto no reside en los acontecimientos presentes, sino en la imposibilidad de escapar del pasado.
También resulta inevitable recordar a François Truffaut, especialmente La noche americana, por esa reflexión sobre el cine como territorio donde vida y ficción acaban confundiéndose. Sin embargo, mientras Truffaut contemplaba el rodaje con una mirada profundamente romántica, Sorogoyen desmonta esa idealización para mostrar el plató como un espacio atravesado por jerarquías, tensiones y luchas de poder.
En determinados momentos aparece igualmente el espíritu de John Cassavetes, sobre todo en la dirección de actores. La sensación de espontaneidad, la importancia concedida a la respiración, las interrupciones del diálogo o los silencios compartidos generan una verdad emocional que parece escapar constantemente al control del propio director, aunque en realidad responda a una planificación extraordinariamente precisa.
Y, por supuesto, sobrevuelan ciertas resonancias del mejor Michael Haneke, especialmente en la forma de obligar al espectador a enfrentarse a situaciones profundamente incómodas sin ofrecer ningún refugio moral.
Sorogoyen no copia a ninguno de ellos.
Los escucha.
Los incorpora.
Y finalmente construye un lenguaje completamente reconocible.
Una película sobre el abuso de poder, pero también sobre la memoria
Reducir El ser querido a una denuncia contra los abusos en la industria cinematográfica sería quedarse únicamente en la superficie.
La película habla, sí, de las estructuras de poder que durante décadas han protegido determinados comportamientos bajo la excusa del talento artístico. Pero también reflexiona sobre algo mucho más universal: la memoria.
¿Qué recordamos realmente de nuestra infancia?
¿Hasta qué punto dos personas pueden vivir el mismo acontecimiento y conservar recuerdos completamente distintos?
Sorogoyen introduce una idea fascinante que atraviesa todo el relato: no existe una única verdad.
Padre e hija no discuten únicamente sobre lo que ocurrió.
Discuten sobre cómo cada uno ha construido el relato de aquello que ocurrió.
Y esa diferencia resulta devastadora.
La película propone que la memoria no es un archivo inmutable, sino un territorio en permanente reconstrucción donde cada experiencia modifica la anterior.
La escena del restaurante: un prodigio de interpretación y puesta en escena
Entre las numerosas secuencias memorables de la película sobresale especialmente el primer encuentro entre Esteban y Emilia.
Rodada prácticamente en una sola toma y sin ensayos previos entre Javier Bardem y Victoria Luengo, la escena constituye una auténtica lección de interpretación cinematográfica.
No sucede nada extraordinario.
Y, sin embargo, sucede absolutamente todo.
Cada movimiento de Bardem parece cuidadosamente calculado para recuperar una autoridad perdida.
Cada respuesta de Luengo oscila entre el deseo de escapar y la necesidad casi infantil de seguir buscando el reconocimiento paterno.
La cámara nunca invade el espacio emocional de los personajes.
Los acompaña.
Respira con ellos.
El espectador termina sintiéndose incómodamente sentado en la misma mesa, asistiendo a una conversación que jamás debería estar escuchando.
Ese tipo de secuencias explican por qué Sorogoyen se ha convertido en uno de los directores europeos con mayor prestigio internacional.
Una producción concebida como un laboratorio cinematográfico
El desarrollo de El ser querido comenzó en 2024, cuando Movistar Plus+ anunció el proyecto como el siguiente largometraje de Sorogoyen e Isabel Peña, sin desvelar apenas detalles.
El propio director describió entonces la película como un paso fuera de su zona de confort.
La afirmación podía parecer una estrategia promocional.
Hoy resulta evidente que hablaba completamente en serio.
El rodaje comenzó en febrero de 2025 y se desarrolló entre Madrid y la isla de Fuerteventura. Sin embargo, el verdadero escenario de la película no es geográfico, sino emocional.
Sorogoyen convierte cada localización en un espacio donde los personajes quedan atrapados por sus propios recuerdos.
El montaje de Alberto del Campo contribuye decisivamente a esa sensación de tiempo suspendido. La película avanza con un ritmo pausado, casi hipnótico, permitiendo que cada escena respire y que las emociones encuentren su propio espacio sin necesidad de aceleraciones artificiales.
En una época dominada por el montaje vertiginoso, El ser querido reivindica el valor del tiempo cinematográfico.
El mejor momento del cine español contemporáneo
La presencia de El ser querido en competición oficial en el Festival de Cannes 2026 confirma el extraordinario momento creativo que atraviesa el cine español.
La película compartió protagonismo con otros títulos nacionales de enorme relevancia, consolidando una edición especialmente significativa para nuestra cinematografía.
Lejos de cualquier complejo de inferioridad respecto al cine europeo o estadounidense, Sorogoyen demuestra que el cine español puede competir en los grandes festivales internacionales desde una identidad absolutamente propia.
No necesita imitar modelos ajenos.
Su fuerza nace precisamente de la honestidad con la que observa conflictos profundamente humanos.
Un reparto coral al servicio de una historia profundamente íntima
Aunque el duelo interpretativo entre Javier Bardem y Victoria Luengo constituye el auténtico corazón de la película, el reparto se completa con un sólido conjunto de intérpretes que enriquecen el universo narrativo.
Junto a ellos aparecen Raúl Arévalo, Marina Foïs, Melina Matthews, Núria Prims, Malena Villa, Raúl Prieto, Mourad Ouani, Laura Birn, Pepa Gracia y Pablo Gómez-Pando, configurando un elenco que aporta matices a una historia donde cada personaje refleja una forma distinta de relacionarse con el poder, la admiración o el fracaso.
Ninguno ocupa la pantalla de manera gratuita.
Todos contribuyen a ampliar la mirada sobre el conflicto central.
Pase especial en Guadalajara con coloquio online
Los aficionados al cine en la provincia tendrán una oportunidad excepcional para disfrutar de El ser querido en condiciones muy especiales.
El próximo miércoles 26 de agosto, a las 20:00 horas, Multicines Guadalajara proyectará la película en versión original subtitulada al castellano, dentro de un pase especial que incluirá un coloquio online con Rodrigo Sorogoyen, Javier Bardem, Victoria Luengo e Isabel Peña.
Será una ocasión única para conocer el proceso creativo detrás de una de las películas españolas más importantes del año, descubrir los desafíos del rodaje y escuchar a sus protagonistas reflexionar sobre los temas que atraviesan la obra.
Un cine que permanece cuando se encienden las luces de la sala
Hay películas que se consumen durante dos horas y desaparecen antes incluso de abandonar el cine.
Y existen otras que siguen creciendo dentro del espectador durante días.
El ser querido pertenece a esa segunda categoría.
No ofrece respuestas tranquilizadoras.
No concede redenciones fáciles.
No busca el aplauso inmediato.
Rodrigo Sorogoyen firma, probablemente, su película más madura y compleja hasta la fecha: un drama sobre la familia, la creación artística y el ejercicio del poder que encuentra en Javier Bardem una de las interpretaciones más extraordinarias de su carrera y en Victoria Luengo la confirmación definitiva de una actriz capaz de sostener con una sola mirada todo el peso emocional de una película.
Más que un drama familiar o una reflexión sobre el cine, El ser querido es una exploración de las cicatrices invisibles que dejan quienes más amamos. Una obra incómoda, elegante y profundamente humana que confirma a Rodrigo Sorogoyen como uno de los grandes autores europeos del siglo XXI y que, con toda probabilidad, ocupará un lugar destacado entre las películas imprescindibles del cine español contemporáneo.








