En un rincón de la Sierra Norte de Guadalajara donde apenas viven 32 personas, no había tiempo para discursos. Había que decidir en segundos. Había que abrir caminos, señalar cortafuegos, mover maquinaria, proteger a los vecinos y salvar el ganado.
Mientras las llamas avanzaban sin control, Roberto Llorente, alcalde de Arroyo de las Fraguas, ganadero y profundo conocedor del monte, llevaba días sin descanso. Con un bocadillo en la mochila, el teléfono sonando sin parar y el humo envolviendo la sierra, hizo lo único que sabía hacer: ponerse al frente y ayudar.
No era un técnico sentado frente a un mapa. Es un hombre que conoce cada pista, cada barranco y cada cortafuegos porque lleva toda una vida recorriendo ese monte.
Y precisamente por eso, cuando el incendio amenazaba con arrasar Arroyo de las Fraguas, su conocimiento se convirtió en una herramienta tan valiosa como cualquier medio aéreo o cualquier máquina pesada.

“Todo lo que entraba en la cabeza del incendio se lo comía el fuego”
En la entrevista exclusiva concedida a este medio, Guadared, Roberto revive algunos de los momentos más duros que ha vivido.
Habla de llamas de hasta cien metros de altura, de un incendio imposible de comprender si no se ha visto de cerca. De cómo el viento cambiaba en cuestión de minutos y convertía cualquier previsión en papel mojado.
Explica cómo consiguieron salvar el pueblo, cómo pudieron sacar adelante su explotación ganadera gracias a la ayuda de otras muchas personas y cómo vecinos, voluntarios y profesionales demostraron que la unión fue tan importante como los propios medios de extinción.
Pero esta entrevista va mucho más allá del incendio.
Porque Roberto Llorente no se limita a contar lo ocurrido. Se atreve a señalar el verdadero problema. Y lanza una pregunta que debería hacer reflexionar a toda España:
¿Se podrían evitar incendios como este?
Su respuesta no deja indiferente. Habla del abandono del monte, de la falta de gestión forestal durante años y de unos planes de ordenación que, según denuncia, llevan más de una década sin revisarse, mientras el monte ha cambiado completamente. También explica por qué los ganaderos, agricultores, cazadores y vecinos que viven el territorio deberían formar parte activa de la planificación y de la toma de decisiones.
No por interés.
Porque conocen el terreno mejor que nadie.
Porque saben cómo respira el monte.
Porque han aprendido durante décadas lo que ningún plano puede enseñar.
“Escuchen a quienes pisan el monte todos los días”
Hay una idea que sobrevuela toda la entrevista. No es una crítica. Es una llamada al sentido común.
La gestión forestal necesita escuchar mucho más a quienes llevan toda una vida trabajando en el campo. A quienes conocen los caminos. A quienes saben por dónde cambiará el viento. A quienes identifican dónde puede romper un incendio antes incluso de que ocurra.
Porque cuando el fuego llega, ya no hay tiempo para improvisar.
El incendio todavía no ha terminado.
Roberto también lanza un mensaje de prudencia.
Aunque la situación haya mejorado, todavía existen focos activos, zonas calientes y un riesgo que obliga a no bajar la guardia. La vigilancia continúa siendo esencial para evitar reactivaciones mientras los equipos siguen trabajando sobre el terreno.


Una entrevista que todos deberían escuchar.
La entrevista completa es el testimonio de una persona que ha vivido el incendio desde dentro, que ha luchado por proteger su pueblo, que ha trabajado codo con codo con INFOCAM, la UME y el resto de los efectivos desplegados y que ahora comparte una reflexión que trasciende esta tragedia.
Porque cuando el humo desaparezca y las llamas se apaguen, llegará el momento de hacerse la pregunta más importante de todas:
¿Aprenderemos algo de lo ocurrido o esperaremos al próximo gran incendio para volver a hablar de prevención?
En Guadared creemos que las respuestas no siempre están en los despachos. Muchas veces están en quienes llevan toda una vida cuidando, trabajando y comprendiendo el monte. Y esa es precisamente la voz que hoy queremos escuchar.
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