El mundo parece moverse demasiado rápido. La ciudad, con sus luces, ruidos y pasos apresurados, no espera. Pero yo siempre me sentí diferente. Desde niña, notaba cosas que otros ignoraban: el temblor de una hoja, el suspiro de alguien en la calle, el aroma de la lluvia mezclándose con el café recién hecho. Hoy sé que eso no era un defecto. Hoy sé que soy PAS, persona altamente sensible.
El día que descubrí que soy PAS: un viaje por la alta sensibilidad
Por a.redactora para Guadared
Mi descubrimiento llegó en silencio, con el corazón abierto y una melodía de fondo: Comptine d’un Autre Été, de Yann Tiersen. Cada nota de piano parecía rozar directamente mi alma, como si alguien hubiera escrito música para mis emociones. Y en ese instante comprendí que mi forma de percibir la vida era un regalo, no una debilidad.
La mañana que todo cambió
Aquella mañana, el mundo exterior se colaba por todas partes. El claxon de un coche, el murmullo de la calle, el aroma del pan recién horneado de la panadería cercana: cada estímulo me alcanzaba con intensidad. Mi sistema nervioso, más receptivo que el de la mayoría, absorbía cada detalle, cada matiz. Sentí que me sobreestimulaba, que necesitaba refugio, pero también descubrí algo más: la empatía me permitía percibir la emoción de cada rostro a mi alrededor.
Un hombre en el metro sonreía mientras ocultaba tristeza. Una mujer apresurada sostenía a su hijo con un cuidado que irradiaba ternura. Yo lo sentía todo. Esa capacidad de sentir profundamente es una de las señales más claras de ser PAS, de vivir la vida con una intensidad emocional que puede ser tanto un desafío como un regalo.
Las personas altamente sensibles representan entre el 15% y el 30% de la población. Este rasgo de personalidad, conocido también como Sensibilidad de Procesamiento Sensorial (SPS), implica un sistema nervioso más receptivo, capaz de procesar información sensorial y emocional con mayor profundidad.
Laura Chica, psicóloga y autora, recuerda: “a las personas altamente sensibles hay que decirles que su sensibilidad es un regalo, no una debilidad”.
Para muchos, escuchar esto es liberador. Por fin hay una explicación para la intensidad con que sienten la vida, la necesidad de calma y la capacidad de percibir detalles que otros pasan por alto.
Ser PAS significa despertar cada mañana con los sentidos alerta. El canto de los pájaros que otros ignoran es para mí una melodía que despierta emociones dormidas. Cada color, cada aroma, cada textura parecen amplificados. Incluso el café de la mañana tiene matices que otros no perciben: el dulzor del chocolate, la textura de la espuma, el aroma que se mezcla con la luz del sol o el cielo plomizo.
Salir a la calle es un desafío y una maravilla a la vez. Las conversaciones cruzadas, los pasos apresurados, los ruidos urbanos: todo llega con intensidad. La sobreestimulación puede ser agotadora, pero también está la magia: notar un gesto amable, un detalle sutil en la ropa de alguien, un cambio imperceptible en el clima. Esta sensibilidad a las sutilezas convierte cada día en un mosaico lleno de vida y detalle. Que descanso el pueblo.

Señales de ser PAS
Durante años sentí que era “demasiado” para el mundo. Hoy comprendo que estas características son parte de mi identidad como persona altamente sensible:
-
Procesamiento profundo de la información: reflexionamos sobre cada detalle y buscamos significado.
-
Sobreestimulación: el exceso de ruido, luz o actividades puede resultar abrumador.
-
Reactividad emocional y empatía: sentimos las emociones ajenas como propias.
-
Sensibilidad a estímulos externos: luces, ruidos, olores, texturas y sabores.
-
Necesidad de armonía y de espacios tranquilos.
-
Intuición desarrollada y fuerte sentido de la justicia.
-
Conexión intensa con la naturaleza, la música y el arte.
-
Tendencia a la minuciosidad, el perfeccionismo y la reflexión profunda.
Cada rasgo tiene su fuerza y su desafío.
La empatía permite comprender profundamente, pero expone a la sobrecarga emocional. La sensibilidad al detalle nos hace únicos, pero exige tiempo y espacios de recuperación.
Ser PAS es vivir la vida de forma intensa: sentir el peso de las emociones ajenas, emocionarse con una canción, notar la tristeza detrás de una sonrisa. Pero también es enfrentarse al agotamiento, al estrés y a un mundo que no siempre respeta la necesidad de calma.
Descubrir que eres PAS cambia la forma de verte a ti misma y al mundo.
Como dice Sylvia Harke, psicóloga y autora: “Ser altamente sensible no significa ser débil; es una capacidad para percibir la vida con mayor profundidad”.
Cómo vivir bien siendo PAS
Vivir siendo PAS implica aprender a cuidar de una misma, a respetar nuestros tiempos y necesidades. Algunos consejos:
-
Respira y conócete: acepta con amor tu forma de sentir y percibir.
-
Respeta tus tiempos y espacios: evita agendas saturadas y ambientes que sobreestimulen.
-
Compréndete y ámate: no te compares con otros; tu sensibilidad es un regalo.
-
Haz de tu sensibilidad un don: aprovecha la creatividad, la intuición y la empatía.
-
Crea entornos amables: rodearte de personas y lugares que te hagan sentir bien.
-
Aprende a poner límites: decir “no” es una forma de autocuidado.
Cómo acompañar a una PAS
Si quieres apoyar a alguien altamente sensible, la comprensión es clave:
-
Ama su diferencia.
-
Respeta su necesidad de calma y espacio.
-
Comprende que su intensidad emocional no es personal.
-
Escucha con atención y acompaña sin invadir.
Quizá, mientras escuchas Comptine d’un Autre Été y lees estas líneas, sientas que finalmente entiendes tu historia, tus emociones y tu forma única de vivir. Ser PAS no es un defecto, sino un don que embellece el mundo. Tu sensibilidad, tu intuición y tu empatía son herramientas para conectar, crear y transformar.
El mundo necesita más personas que sientan con intensidad, que perciban los matices y que vivan desde la profundidad del corazón. Como dice Laura Chica:
“tu sensibilidad es un regalo para este mundo”.
Hoy, mientras el piano de Yann Tiersen resuena en mis oídos, entiendo que la alta sensibilidad no es un obstáculo, sino un camino hacia la autenticidad, la creatividad y la conexión verdadera. Y quizás, querido lector, tú también estás listo para descubrir tu PAS.








