Artículo de Opinión: La España Vaciada, por Francisco Larrad
El Parador de Molina de Aragón ha estado cerrado desde el 31 de diciembre hasta hoy.
Se anuncia que reabre “cuando llegue el calor”, cuando todo sea más fácil, cuando el turismo acompañe.
Pero la realidad es tozuda: ha durado poco abierto con continuidad.
Y eso, en una comarca que lleva décadas esperando una oportunidad, no es una anécdota: es un síntoma.
“El parador no puede ser un trofeo político que se exhibe en campaña y se olvida en temporada baja.”
Hablamos de una inversión pública de millones de euros —canalizada a través de Paradores de Turismo de España— que nació con la promesa de ser motor económico, ancla demográfica y símbolo de compromiso con la llamada España vaciada. No era solo un hotel. Era un mensaje político y social: Molina importa.
Con las puertas cerradas, el mensaje es otro. Hoy anunciamos su reapertura, ¿mañana cual será el anuncio?
Un parador no puede ser un proyecto de temporada. No puede depender del termómetro ni del calendario de puentes y festivos. Si la rentabilidad solo se sostiene en los meses de calor, el diseño es deficiente o la estrategia es inexistente. En territorios frágiles, la continuidad es más importante que la ocupación puntual.
Cerrado desde el 31 de diciembre de 2025 hasta marzo. ¿Por qué cierra un Parador recién inaugurado?
Se prometió empleo estable. Se habló de atracción de población. Desde el consistorio municipal se defendió que el parador traería familias, que fijaría trabajadores, que generaría un ecosistema económico alrededor. La prueba empírica, sin embargo, apunta en otra dirección: contratos temporales, personal que no se queda a vivir en la ciudad ni en los pueblos colindantes, impacto limitado en el tejido local.
“Cerrar ‘hasta que llegue el calor’ puede ser una decisión técnica. Pero en una comarca herida por la despoblación, suena a abandono estacional.”
No se trata de negar los beneficios indirectos que pueda generar, sino de exigir coherencia entre el discurso y los resultados. Si el objetivo era combatir la despoblación, la intermitencia es el peor aliado.
Periodos de cierre anunciados en la web de Paradores :
Desde 02/01/2026 hasta 28/02/2026
Desde 09/11/2026 hasta 31/12/2026
Tan preocupante como el cierre es el silencio. Silencio administrativo y, en buena medida, silencio social. Se asume con resignación que “esto depende de Madrid”, que las decisiones se toman en otro nivel, que poco se puede hacer desde Molina.

Pero esa resignación es parte del problema. Cuando un proyecto estratégico se convierte en arma arrojadiza entre administraciones —local, autonómica, estatal— pierde su razón de ser. El parador no puede ser un trofeo político que se exhibe en campaña y se olvida en temporada baja.
La pregunta incómoda es inevitable: ¿queremos seguir siendo de segunda?
La comparación con el Parador de Sigüenza es recurrente y, para muchos, dolorosa. Allí no hay cierres intermitentes. Allí el turismo se cuida, se trabaja, se planifica. Sigüenza ha convertido su patrimonio en relato, en marca, en proyecto compartido.
Es cierto que cada localidad tiene su contexto. Pero también es cierto que el turismo no se improvisa. Requiere orden, consenso y estrategia. En Molina de Aragón, en cambio, la sensación es otra: parche va, parche viene. Ahora se arregla esto, ahora lo otro. Sin un plan integral, sin una hoja de ruta consensuada que articule patrimonio, naturaleza, hostelería y servicios.
“La cuestión no es cuándo vuelve a reabrir. La cuestión es si, de verdad, alguna vez se pensó en no volver a cerrar.”
El parador, por sí solo, no salva a nadie. Pero puede ser pieza clave si se integra en un proyecto territorial coherente. Si no, se convierte en un edificio emblemático que abre y cierra al ritmo de la coyuntura.
El debate no es hotelero; es político y social. La España vaciada no necesita gestos simbólicos ni inauguraciones con foto oficial. Necesita compromisos sostenidos, inversiones con seguimiento y evaluación, y una gestión profesional que entienda la especificidad de estos territorios.
Cerrar “hasta que llegue el calor” puede ser una decisión técnica. Pero en una comarca herida por la despoblación, suena a abandono estacional.
Quizá ha llegado el momento de exigir explicaciones claras: ¿cuál es el plan real para el Parador de Molina? ¿Qué horizonte de estabilidad laboral ofrece? ¿Qué coordinación existe con el Ayuntamiento y con la Diputación para maximizar su impacto?
Porque si el parador es solo un proyecto a gusto de quienes lo gestionan, sin continuidad ni arraigo, estaremos ante otra oportunidad perdida. Y en la España vaciada, las oportunidades perdidas no se recuperan con facilidad.
Molina no puede permitirse otro cerrojazo de 3 meses cerrado que normalice lo excepcional. La cuestión no es cuándo volverá a abrir. La cuestión es si, de verdad, alguna vez se pensó para no volver a cerrar.
Hoy informamos, mañana transformamos: ¡Nos vemos en el próximo artículo!
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