El descubrimiento amplía el conocimiento sobre este enclave burgalés, ya de por sí clave en la prehistoria europea y aporta una evidencia directa sobre un aspecto que hasta ahora se mantenía en el terreno de la hipótesis: el posible tratamiento funerario diferenciado de los niños pequeños en las comunidades calcolíticas.
Descubren en Atapuerca la primera necrópolis infantil calcolítica en la Galería del Sílex
Una investigación liderada por la Universidad de Alcalá (UAH) ha sacado a la luz un hallazgo excepcional en la Sierra de Atapuerca: la identificación de la primera necrópolis infantil calcolítica documentada hasta la fecha en la conocida Galería del Sílex. El estudio, desarrollado junto a HM Hospitales, abre nuevas perspectivas sobre las prácticas funerarias durante la Edad del Cobre en la Península Ibérica.
Un enclave único en la prehistoria europea
La Sierra de Atapuerca es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo. Sus depósitos pleistocenos han permitido reconstruir parte de la evolución humana en Europa, con restos de distintas especies que habitaron el continente durante más de un millón de años.
Video: Fundación Atapuerca
Ignacio Martínez Mendizábal, codirector de Atapuerca y director de la Cátedra de Otoacústica Evolutiva y Paleoantropología de HM Hospitales y la Universidad de Alcalá, explica el nuevo descubrimiento de una necrópolis infantil de hace 5.000 años en la Galería del Sílex de los yacimientos de la sierra de Atapuerca.
Sin embargo, su valor no se limita al Pleistoceno. En sus niveles holocenos también se conservan evidencias de comunidades más recientes, desde los primeros grupos de agricultores y ganaderos del Neolítico hasta sociedades de la Edad del Bronce, pasando por el periodo calcolítico, clave en la introducción de los metales en la Península.
Dentro de este contexto destaca la Galería del Sílex, una cavidad descubierta en 1972 por el grupo espeleológico Edelweiss. Con unos 500 metros de recorrido, permaneció sellada durante milenios tras un desprendimiento, lo que permitió la conservación excepcional de su interior. En ella se han documentado restos humanos, fauna, cerámicas y más de medio centenar de paneles con arte rupestre de unos 4.000 años de antigüedad.
El hallazgo de la primera necrópolis infantil calcolítica
El estudio de los restos humanos hallados en la cavidad ha revelado una concentración inesperada de individuos infantiles. En total, se han identificado 16 personas del periodo calcolítico, de las cuales 11 son menores de seis años, 3 tienen entre siete y nueve años y solo 2 corresponden a adultos.
Este patrón resulta especialmente significativo, ya que en otros yacimientos de la misma cronología apenas se han recuperado restos de niños pequeños. Esta ausencia había alimentado la hipótesis de que los menores de seis años podrían haber recibido un tratamiento funerario diferenciado, siendo enterrados en espacios distintos a los de los adultos.
El conjunto hallado en la Galería del Sílex parece confirmar por primera vez esa idea. Los investigadores proponen que este enclave podría funcionar como una auténtica necrópolis infantil calcolítica, la única documentada hasta el momento.
Nuevas claves sobre la Edad del Cobre
El hallazgo no solo tiene implicaciones arqueológicas, sino también sociales y culturales. Según el equipo investigador, este tipo de prácticas funerarias sugiere que las comunidades de la Edad del Cobre otorgaban un papel significativo a la infancia, reflejando vínculos afectivos y rituales específicos hacia los más pequeños.
La investigación ha sido liderada por la Cátedra de Otoacústica Evolutiva y Paleoantropología de la UAH y HM Hospitales, con la colaboración del Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad de Burgos y la Universidad de León.
Este trabajo refuerza la importancia de Atapuerca como referente internacional en el estudio de la evolución humana y de las sociedades prehistóricas, consolidando su papel como uno de los grandes archivos naturales de la historia de Europa.
Con este nuevo avance, la paleoantropología en la Sierra de Atapuerca vuelve a situarse en el centro del debate científico internacional, aportando datos que obligan a replantear cómo vivían —y cómo despedían a sus muertos— las comunidades de hace más de 4.000 años.







