Almonacid de Zorita acompaña a la Virgen de la Luz en sus días más emotivos
Almonacid de Zorita volvió a reunirse en torno a su patrona, Nuestra Señora de la Luz, durante los días 7 y 8 de septiembre, dos fechas que el municipio vive con una intensidad única y que, junto al Corpus, forman el corazón emocional de su calendario festivo. Devoción, historia y participación vecinal marcaron unas jornadas en las que la tradición volvió a sentirse muy viva.
La tarde del lunes arrancó con el pregón de la Peña El Subidón, la ofrenda floral, el último ejercicio de la novena y el canto de la Salve. Un ambiente de víspera que preparó el camino hacia el Día Grande, celebrado el martes, cuando la Virgen se convirtió en protagonista absoluta.
Una mañana de música, tradición y cercanía
El martes comenzó con la misa y la tradicional diana floreada de la Banda de Música de Pastrana, que llenó de sonido las calles antes de la solemne Eucaristía de las 12.30 horas. La ceremonia, presidida por el párroco Antonio Delgado, contó con el acompañamiento de la Rondalla Villa de Almonacid, cuyas voces y guitarras aportaron ese tono popular que define tantas celebraciones del municipio. Tras la misa, vecinos y visitantes compartieron un aperitivo musical en la Plaza del Ayuntamiento, uno de esos momentos sencillos que refuerzan la identidad colectiva.

La Virgen vuelve a las calles
A las 20.00 horas llegó el instante más esperado: la procesión de la Virgen de la Luz, que recorrió las calles acompañada por familias, peñas, la Hermandad y autoridades. Junto a la Corporación Municipal, encabezada por el alcalde José Miguel López Aguirre, participaron representantes de municipios vecinos como Albalate de Zorita, Valdeconcha y Pastrana.
Para esta salida se eligió la imagen más antigua de las dos que conserva el municipio, una talla de unos 90 años que habitualmente preside la ermita. La patrona lució además un manto histórico de 1824, confeccionado en seda cruda y bordado en oro, una pieza singular que cae a ras de la imagen y que guarda una historia íntima: durante la Guerra Civil fue escondido en un baúl, donde las mujeres del pueblo rezaban el rosario en secreto.
La Virgen procesionó sobre la carroza adquirida en 1974, un símbolo colectivo que sigue formando parte inseparable de cada 8 de septiembre.
Un exorno floral inspirado en el campo
La decoración floral fue una de las novedades de este año. El florista Sergio Mínguez apostó por un exorno silvestre, más abierto y natural, con tonos beige, crema, blancos y amarillos. La intención era transmitir que la patrona “sale de en medio del campo”, con flores proyectadas hacia los laterales y tonos que evocaban la luz, el sol y el oro. Destacaron los nardos, asociados a la pureza y al amor incondicional, y el manto floral elaborado con la colaboración de vecinos y peñas.
La Banda de Pastrana acompañó el recorrido hasta la ermita, donde tuvo lugar el beso de la reliquia y el tradicional reparto de caridades, poniendo el broche íntimo a la jornada.
Un hermanamiento que abre camino hacia 2030
La celebración llegó marcada por un hecho significativo: el hermanamiento entre la Hermandad de Almonacid y la Real y Venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Luz de Cuenca, formalizado el 5 de septiembre. Este vínculo se suma al camino hacia 2030, año en el que, según la tradición, se cumplirán cinco siglos de la llegada de la Virgen de la Luz al municipio, vinculada a Diego García Cantarero. La devoción está documentada desde 1588, cuando el Concejo dejó constancia de la “mucha y grande devoción” de los vecinos.
La Hermandad mantiene además el propósito de avanzar hacia la Coronación Canónica de la patrona, un proceso cuyo estudio comenzó en 2018.
Los niños toman el relevo
Tras los actos centrales, los niños protagonizaron la tradicional ofrenda infantil, acercándose a la Virgen y simbolizando la continuidad de una devoción que pasa de generación en generación. Una imagen que enlaza con el mensaje del pregón de la Peña El Subidón, que celebra su 30 aniversario:
“Para que haya tradición debe haber ilusión”.
El alcalde destacó precisamente esa continuidad: “Son los días más emotivos de nuestras fiestas. Ver a los niños vivirlos con ilusión es la mejor garantía de futuro”.
Almonacid cerró así dos jornadas que miran al pasado y al mañana: un manto de 1824, una carroza levantada por el pueblo, un nuevo exorno floral y unos niños tomando el testigo resumen una tradición que sigue viva porque cada generación vuelve a hacerla suya.
Almonacid de Zorita y Cuenca hermanan su devoción a la Virgen de la Luz mirando a 2030













