Por San Blas, la cigüeña verás: el día en que el invierno empieza a rendirse en Guadalajara
Febrero avanza con pasos cortos, pero la luz ya no se esconde. Amanece un poco antes y, aunque el frío aún cala en los huesos, el cielo parece distinto. Es entonces cuando el calendario señala el 3 de febrero, San Blas, y la memoria colectiva despierta uno de los avisos más antiguos del refranero español: “Por San Blas, la cigüeña verás”. No es solo un dicho, es una forma de mirar el mundo, un pacto silencioso entre la naturaleza y quienes aprendieron a leerla sin relojes ni pronósticos.
Durante generaciones, esta frase ha marcado el tránsito entre el invierno más severo y la promesa de la primavera. Un presagio sencillo, casi doméstico, que se apoyaba en la observación paciente del cielo y en la certeza de que las estaciones siempre dejaban señales para quien supiera escucharlas.
Las cigüeñas y el lenguaje del cielo
Hubo un tiempo en que el regreso de las cigüeñas era una noticia en sí misma. Bastaba levantar la vista para saber si el invierno comenzaba a aflojar su abrazo. Estas aves migratorias, que pasaban los meses fríos en África, regresaban a la península a comienzos de febrero, coincidiendo con el aumento de las horas de luz y la retirada de las heladas más duras.
La cigüeña blanca, elegante y poderosa, con su plumaje blanco, alas negras y pico rojo, es parte inseparable del paisaje humano. Ave colonial por naturaleza, eligió desde siempre los campanarios, las torres de las iglesias, las chimeneas y los árboles altos para levantar sus nidos. Su silueta recortada sobre el cielo invernal era, para muchos pueblos, la señal inequívoca de que el ciclo empezaba a girar de nuevo.
San Blas, entre la fe y la tradición
La figura de San Blas se mueve entre la historia y la leyenda. Médico y obispo de Sebaste, en la actual Turquía, vivió entre los siglos III y IV y es recordado como protector de los males de garganta. La tradición cuenta que salvó a un niño que se ahogaba con una espina de pescado, un milagro que marcó su devoción popular.
Torturado y ejecutado durante las persecuciones del emperador Licinio, su culto se extendió con rapidez y arraigó con especial fuerza en el mundo rural.
En la provincia de Guadalajara, San Blas sigue siendo una de las festividades más queridas y reconocibles, un día que combina religión, costumbre y encuentro vecinal.
Cada 3 de febrero, los pueblos se reúnen para bendecir panes, rosquillas y dulces, alimentos sencillos cargados de simbolismo. Comerlos es un gesto de protección, un rito humilde que busca cuidar la garganta y, de paso, reforzar los lazos en los pueblos.
Botargas: el ruido que despierta la tierra
En muchos pueblos de Guadalajara, San Blas no se entiende sin las botargas. Personajes ancestrales, cubiertos de máscaras y cencerros, que irrumpen en las calles para romper el silencio invernal. Su ruido no es casual: representa el despertar de la tierra, el ahuyentar de los malos espíritus y la despedida simbólica del frío.
Cabanillas del Campo, donde San Blas es patrón, Iriépal, Fontanar, Arbancón o Albalate de Zorita viven esta jornada con especial intensidad. También en Brihuega, Espinosa de Henares, Sigüenza, Atanzón, Peñalver, Retiendas o Robledillo de Mohernando, la tradición se mantiene como una herencia viva que conecta pasado y presente.
El refranero como brújula del tiempo
San Blas es también una fecha clave en el refranero español, que mide la luz, el frío y el ánimo del campo.
“Por San Blas, una hora más”,
“San Blas, San Blas, que el día ya nos das”,
“Por San Blas, el hielo atrás”.
Pero la sabiduría popular siempre deja espacio para la cautela: “Si hiela por San Blas, treinta días más”, recordando que la naturaleza no siempre cumple las normas escritas.
Incluso la agricultura encuentra su lugar en estos días: “Por San Blas, tus ajos sembrarás”, una referencia clara al calendario agrícola que marcaba el ritmo de la vida rural.
Ni marmotas ni sombras: las cigüeñas
Ayer 2 de febrero, se celebró en Estados Unidos y Canadá el tradicional Día de la Marmota. Allí, en Punxsutawney, Pensilvania, la marmota Punxsutawney Phil salió de su madriguera y, al ver su sombra, pronosticó seis semanas más de invierno, tal como marca la tradición de esta fiesta centenaria.
Aunque esta costumbre estadounidense ha viajado culturalmente hasta nosotros —y es un motivo de sonrisa y curiosidad en redes y medios—, en tierras españolas nuestra referencia ancestral ha sido siempre diferente: la cigüeña sobre su nido, no la sombra de una marmota, para intuir la llegada del buen tiempo.
La promesa que siempre vuelve
Aun así, San Blas sigue siendo una fecha para mirar al cielo, para escuchar los refranes y para aceptar que, aunque el invierno se resista, la luz siempre encuentra la forma de regresar. Entre botargas, rosquillas bendecidas y recuerdos heredados, la tradición continúa latiendo en los pueblos de Guadalajara.
Desde GuadaRed, queremos felicitar hoy a todos los Blas y a todas las Blasas, deseándoles salud, buen año y gargantas protegidas, mientras aguardamos, con paciencia y memoria, a que la primavera cumpla, una vez más, su promesa.







